No seamos alarmistas

Las alarmas son buenas pero los alarmismos no. La alarma nos advierte de un peligro inminente y nos da tiempo para poner el remedio oportuno. La alarma se apoya en un peligro real y objetivo.

El alarmismo es una exageración que causa más daños que beneficios. De ahí que la prudencia –como una de las virtudes más importantes- debe gobernar las decisiones de quienes tienen en sus manos los organismos que pueden influir en las conductas desorbitadas de los ciudadanos; o de quienes dirigen los medios de comunicación.

Hace unos años –los años 80- un científico poco serio predijo un terremoto de gran magnitud en el Perú, fijando el día y la hora más probable. El pánico se apoderó de mucha gente, llegando a almacenar en sus casas alimentos y agua potable. Por supuesto que no hubo terremoto y todo quedó felizmente allí. Pero hay que aprender la lección. Un terremoto no se puede predecir con la exactitud que pretendía Brady.

Ahora está de actualidad la Gripe Porcina, llamada científicamente A-H1N1. Su epicentro ha sido México y se ha extendido rápidamente por numerosos países causando algunas muertes, en concreto 144 a Junio de 2009. Los infectados eran en ese momento 28.774.

Unos datos nos pueden ayudar a encuadrar esta gripe en un contexto mucho más amplio. En 1918 comenzó en Estados Unidos la mal llamada Gripe Española que causó la muerte de casi 50 millones de personas. El virus desapareció antes de que se pudiera siquiera aislarlo. Ha sido la gripe más mortífera de la historia. Al no existir antibióticos para combatir las enfermedades bacterianas vinculadas a la gripe, no se pudo evitar la muerte de gran parte de los enfermos; la penicilina se descubrió en 1928.

La Gripe Asiática –que se originó en Pekín 1957- se extendió rápidamente y causó entre 3 y 4 millones de muertos. En 1968 se declara la Gripe de Hong Kong que deja entre 1 y 3 millones de muertos.

Además, cada año mueren por la gripe común, a la que llamamos influenza, muchos miles de personas. España reportó, en el primer trimestre de 2005, 520 muertes por ese mal; y en el mismo año, 2317 muertes por neumonía.

La Organización Mundial de la Salud ha declarado nivel máximo de alerta, pero no por la gravedad del mal sino por la rapidez de la propagación. La OMS ha declarado que “circulará por todo el mundo durante un año o dos” y la calificó de “moderada”. Los daños causados por el alarmismo son muy numerosos. Demos a los males el calificativo que merecen. Ahí es donde los medios de comunicación tienen una gran tarea. Creemos que es el momento de tranquilizar a la población y de hacer las recomendaciones que siempre se deben hacer en esta época del año para prevenir ésta y otras enfermedades que, sin ser graves, merecen ser evitadas.

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