Al escuchar las propuestas de muchos de los candidatos a las alcaldías nos ha sorprendido la ausencia de un tema que a nosotros nos preocupa: la moralidad pública; aquella que influye en la formación de nuestros niños y jóvenes.
Es un tema que quizás no tenga la importancia inmediata que sí tiene la seguridad física o el tráfico vehicular; este último especialmente en Lima.
Sabemos lo que significa la “libertad de expresión”, pero también tenemos la responsabilidad de educar en valores a nuestra juventud. Nos lamentamos de la conducta irracional de las barras bravas, del desprecio por la vida humana, de la destrucción de la familia y de tantas cosas más, y no nos damos cuenta de que los medios de comunicación–incluida la publicidad- tienen una grandísima responsabilidad en todos estos hechos. Los modelos que transmiten son todo lo contrario a la vida, el matrimonio y la familia. Por ese camino nos vamos insensibilizando poco a poco.
En todo ello los alcaldes –especialmente provinciales- tienen una gran tarea a realizar. Pueden reglamentar los contenidos de la publicidad callejera, pueden prohibir la exhibición de algunos suplementos de diarios chicha, impedir espectáculos públicos que van en detrimento de la dignidad de las personas, etc.
Ojalá no se queden sólo en realizar obras públicas –muy necesarias- y en aumentar el número de efectivos del serenazgo.
