En el capítulo XLVIII de la primera parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, se reproduce un diálogo entre el canónigo y el cura sobre los famosos libros de caballería y otros libros de entretenimiento. Muchos de los razonamientos se pueden aplicar a nuestras telenovelas y a algunos programas televisivos.
Son simples transcripciones de la famosa novela de Cervantes que nos ayudan a reflexionar sobre algo que forma parte de la vida y el descanso de muchos de nosotros.
Cuenta el canónigo que está escribiendo un libro de caballería cuidando todas las normas, tanto de la prosa como de las buenas costumbres, pero que con todo esto, no he proseguido adelante, así por parecerme que hago cosa ajena de mi profesión… Pero lo que más me le quitó de las manos y aun del pensamiento de acabarle fue un argumento que hice conmigo mesmo, sacado de las comedias que ahora se representan, diciendo: «Si estas que ahora se usan, así las imaginadas como las de historia, todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las componen y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de otra manera, y que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide no sirven sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender su artificio, y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos que no opinión con los pocos.
…Y aunque algunas veces he procurado persuadir a los actores que se engañan en tener la opinión que tienen, y que más gente atraerán y más fama cobrarán representando comedias que sigan el arte que no con las disparatadas, ya están tan asidos y encorporados en su parecer, que no hay razón ni evidencia que dél los saque…Así que no está la falta en el vulgo, que pide disparates, sino en aquellos que no saben representar otra cosa.
Y comenta a esta sazón el cura:… Y no tienen la culpa desto los poetas que las componen, porque algunos hay dellos que conocen muy bien en lo que yerran y saben estremadamente lo que deben hacer, pero, como las comedias se han hecho mercadería vendible, dicen, y dicen verdad, que los representantes no se las comprarían si no fuesen de aquel jaez; y, así, el poeta procura acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le pide.


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Unos dicen que “vivimos al susto”, otros que “vivimos de milagro”. Y es que cuando salimos a la calle, en vez de hacerlo con gusto, lo hacemos con cierto fastidio y temor. Estamos a la defensiva y alerta, porque no sabemos por donde vendrá la agresión.
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