LA VERDAD – Las cosas como son
Vivimos en un mundo que aspira a ser democrático, y eso está muy bien. Sin embargo, parece que algunos piensan que la democracia se puede aplicar a todo. Para ellos, la mayoría es dueña de la verdad. Las cosas son como lo determina la opinión del grupo más numeroso. Ciertamente hay aspectos en los que cada uno tiene su opinión porque en gustos y colores… pero de ahí a que nos pretendan imponer una “verdad” por mayoría de votos hay una enorme distancia. No, la verdad no la hace el número, sino su coincidencia con la realidad. Aunque nos pusiéramos de acuerdo todos los seres humanos en declarar que la Tierra es plana y votáramos en sufragio universal, no por eso vamos a cambiar la forma de nuestro planeta. Lo importante entonces no es integrar la mayoría, que puede estar equivocada, sino conocer el ser y la naturaleza de las cosas, estudiarlos, profundizar en ellos, de tal forma que ampliemos nuestra sabiduría.
En estos días escuchamos y leemos opiniones de todo tipo sobre temas diversos y es natural que suceda en un periodo preelectoral, pero no podemos pensar que todas son verdaderas, como podemos deducir al constatar que unos dicen “blanco” y otros “negro” sobre una misma realidad y bajo un mismo aspecto: todos no pueden acertar. Por lo tanto, nuestro trabajo consiste en averiguar quién se acerca más al ser de las cosas.
Pongamos un ejemplo. Algunos sostienen que el aborto es un derecho de la madre porque la mujer es dueña de su cuerpo, para otros el aborto se justifica porque el concebido fue producto de una violación, otros lo justifican por un riesgo de la vida o de la salud de la madre (llamado terapéutico) y otros no lo justifican en ningún caso.
Si estudiamos un poco la embriología humana en un manual serio, conocemos bien que la nueva vida comienza con la fertilización del óvulo por el espermatozoide y que tendrá una información genética propia y distinta de la de los progenitores. En ese momento ya se forman los ejes que demuestran la existencia de un ser humano unicelular que, con continuidad y sin saltos, gradualmente se irá desarrollando. No hay, por tanto, otro momento para indicar el comienzo que la unión del espermatozoide con el óvulo. Esta es la naturaleza del origen de la vida que no está en nuestras manos cambiar. Por eso, eliminar la vida de un ser humano, de una persona ya concebida en el seno materno, es absolutamente condenable siempre. Ningún derecho de otro, si es que existiera, está por encima del primer derecho (la vida) del concebido.
Una violación no suele ser fecunda pero, si lo fuera, no se arregla con la muerte de un ser humano.
Por otro lado, actualmente son rarísimos los casos en los que el niño ponga en riesgo la vida de la madre; si se diera esta situación hay que tratar de salvar a los dos y, si se produce el aborto, será indirectamente. Lo que no es justificable es llamar terapia a la eliminación del feto. Tampoco se justifica un anticonceptivo que tiene un efecto antiimplantatorio e impide la anidación del embrión en el útero.
Otro tema que ha saltado a los medios es la unión homosexual. Desde el punto de vista biológico es conveniente recordar que un ser humano tiene una información genética XX o XY, en el primer caso es mujer y en el segundo varón, el gen gay no existe. Así es la realidad de la naturaleza humana. El sexo no es algo cultural, sino natural y está dispuesto naturalmente para la procreación. Por eso es complementario y por eso hasta el cerebro de la mujer es distinto al del varón. Lo demás son cuestiones de tipo patológico o desviaciones originadas en problemas personales o familiares en los que influye la educación, que por supuesto hay que comprender y tratar de reorientar. Los sexos son 2: masculino y femenino, el neutro queda para la gramática.
En resumen, comprensión absoluta con las personas pero, al mismo tiempo, defensa valiente de la verdad: las cosas como son.
(*) Biólogo Coordinador del Grupo de Investigación en Bioética de la Universidad de Piura.

La Navidad siempre nos trae un Rey que parece indefenso y es Todopoderoso. Ese Rey viene para señalarnos un camino que parece de pérdida y es de ganancia y es que la lógica de Dios no es la lógica de los hombres.
Es frecuente observar algunas conductas incorrectas que tienen como origen malos ejemplos de personas cercanas o de los medios de comunicación. Sabemos que la mejor manera de transmitir lo bueno y lo malo, es el ejemplo. Casi nadie se inventa comportamientos; hace lo que ha visto hacer a otros.
Desde hace unos años ha entrado a nuestras familias un nuevo personaje. No es un pariente, ni un amigo: es un extraño al que se le ha dado la categoría de “invitado especial”. No se le pregunta quién es ni qué busca; simplemente se le deja entrar. Algo que no haríamos con nadie. Se trata –como deben haberse imaginado– del televisor.
Transcribimos un editorial publicado el año 2007. Nos ha parecido oportuno hacerlo, para centrar mejor el tema de la Mujer en la Publicidad
Ordinariamente la vida está llena de pequeñas contrariedades que con paciencia, constancia y pensando un poco se logran superar. Con el tiempo esas dificultades contribuyen a nuestra madurez humana. Quien tiene la vida demasiado fácil no se desarrolla como persona.

Los años transcurren y Valores Humanos debe estar acorde a las tendencias y los avances tecnológicos. Por tal motivo, desde el 08 de Enero viene funcionando en el ciberespacio una Web reforzada, interactiva y multimedia.
Hace ocho años tomamos conciencia –como padres de familia- de la necesidad de intervenir con nuestras opiniones y comentarios para mejorar los contenidos de los medios de comunicación. Estos medios están en manos de muy pocas personas, pero su influencia llega a todos los miembros de la sociedad. Y su finalidad no siempre es la de entretener, informar y culturizar. Con frecuencia el entretenimiento es vulgar y sin contenido, la información es morbosa, y la cultura brilla por su ausencia.
Unos dicen que “vivimos al susto”, otros que “vivimos de milagro”. Y es que cuando salimos a la calle, en vez de hacerlo con gusto, lo hacemos con cierto fastidio y temor. Estamos a la defensiva y alerta, porque no sabemos por donde vendrá la agresión.

Quienes trabajamos en
Ante las consecuencias de un desastre natural o provocado buscamos enseguida al responsable. Si es algo provocado por el hombre –como un incendio, un choque o el desbarrancamiento de un ómnibus- es relativamente fácil encontrarlo; pero de poco sirve, pues los muertos no vuelven a la vida. Si se trata de un terremoto o de unas inundaciones, sería tonto culpar a Dios.
Algo sucede con la televisión local, específicamente con los noticieros. Todos los canales de señal abierta emiten programas de similar formato y con las mismas notas sobre asesinatos, muertes, atropellos, odios, rencillas. Sabemos que lo que informan no son situaciones inventadas, pero nos preguntamos por qué el afán sensacionalista y morboso se está apoderando de nuestras pantallas.